lunes, 5 de octubre de 2009

Yo ya no soy de esas


I

Lejos de abrazar el glamour dramático de mi situación, estoy, como mínimo, muy incómoda. Y eso que me gustaba la pimpinela. Pero como escribí alguna vez -debería prestarme más atención a mí misma- me gusta la de mentira, el llanto ficticio de la desesperación inexistente.
Me corrieron de mi lugar, ya no me sirven las perlas ni el raso negro. Antes muerta que sencilla! Y eso que quise morirme, y una vez pensé que me moría, de morir muerta. Pero no, sigo acá. No me fui a ningún lado, y con el corazón y el ego masacrados, sigo respirando un aire denso que se aliviana a pesar mío. Porque no quiero que se haga ligero, porque eso significa que ya está. Y la verdad es que ya está, no?
Por eso estoy así, aferrada a una idea que no existe más, un holograma de lo que fue amor que ahora se sostiene por un rencor infundado.
Hay agujero pero no hay bala. No hay CSI que me diga quién fue el atrevido que osó sacarme de mi confortable lugar de mujer abnegada y feliz, para pasar a ser esta fiera autosuficiente y profundamente triste.
Y qué significa tanto llanto ilustrativo? Qué quiere decir que ya no me soporte y desee con todas mis lentejuelas despertarme hace unos meses y doblar para el otro lado?
Absolutamente nada. Puro duelo dicen, ni siquiera significa que lo sigo amando.
Me desangré, con el colirio interior saliendo a borbotones, y ahora trato de mantenerme a flote en el mar de lágrimas que quedó.

II

Quién puede consolar a esta heroína desnuda y mutilada. Yo tenía fuerza, empuje, corazón. Ahora todo eso está roto. Porque no funcionó.
A veces fantaseo y hago FF ˃˃, adelante bien adelante, y aprendemos y nos reencontramos y no tengo expectativas, ni miedos horribles, solo los aceptables.


III

Ahora estoy bien y me da un pavor de película bien hecha. Voy a emprender la aventura de convivir conmigo misma, la persona más jodida que conozco, la más intolerante, la más prejuiciosa y la más exigente del barrio.
El terror de Balvanera, transplantado a Congreso. A pasitos de los fantasmas parlamentarios. Sola, como decía el FB -que por cierto tiene una mala leche muy propia de las redes sociales-, Mariana está ahora SOLA.
Sola sí, pero conmigo, que yo no tengo la virtud de las esposas de los marineros, y aunque me hayan roto el corazón, yo ya no soy de esas, que mueren de tristeza, y eso es lo más triste.


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