miércoles, 27 de enero de 2010

Resumen

Hoy vino L, mi gran compañera. Hacía un millón que no nos veíamos. Me llamó de la nada el lunes, y arreglamos para tomar mate. Yo venía de una noche espacial, ella de su casa linda de colegiales, barrio que le dio forma a su universo.

L es una de las mejores actrices que conozco. Tiene una cualidad muy escasa por estos tiempos: arriba de las tablas es lo más honesta del mundo. No quiere sentir las emociones de sus personajes, sólo espera y trabaja para que le pasen. Para que lo que sea que esté en juego le recorra el cuerpo de mujer petit, desde el suelo hasta los pelos largos. Es tan difícil ser verdadero ahí arriba y ella con su perfecta proporción de cabeza de cumbia, intelectual de izquierda, y ricotera ortodoxa lo logra sin probemas. Me hace bien ver a la L, me hace pensar en épocas más simples y futuros más hermosos.

Después me fui a lo de N que junto a su marido me invitaron a la fiesta de su depto puto lindo en belgrano. No sé cómo hicieron pero lograron tener la casa más gay de la historia. Todo blanco prolijo, con lámparas hermosas que costaron la nada misma porque N tiene ojo.
Ellas me pidieron sushi (pop porque estamos en enero), y me hicieron pisco souer mientras charlamos de Lemebel, lady gaga, y otros puteríos rosaditos. Nos reímos mucho con lo de la porterita.

Cerrando la noche y después de un intercambio furtivo de mensajes de texto que me dejaron despierta hasta ahora (por cierto, bravo), me arrimé al bar de siempre a saludar al cumpleañero. El otro equis se comió un planteo de amigovia con altura y expectativa, y yo me fui a casa a las mil y una, en paz con mi dignidad y a mano con el género masculino.
Ahora terminé de tomar la sopita reparadora, que me duele un poco la panza porque estuve durmiendo poco y comiendo raro. Además el ataque soviético irremediable me da hambre y sensación de tanqueta rusa.
Así mi día, recordando películas de Tinto Brass y tarareando equis melodía. Me dan ganas de irme de viaje y son 3 los caminos.

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